Una sonriente y glamurosa Grace Kelly te sonríe desde el dintel de la puerta y te invita a pasar a un mundo de madera, con trofeos de cartón fijados en la pared y un jardín etéreo, mágico… que te invita a ansiar lo inesperado. Este es el ambiente que se respira en el gastrobar de Quique DaCosta, un lugar cálido, con un servicio impecable y ágil.

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Una vuelta de tuerca al mundo de la tapa y donde cada vez que vas, sorprende. Un espacio donde cada plato hace enmudecer al anterior y donde el producto resalta de una forma espectacular, incluso aquellos que no suelen desatacar entre el gusto generalizado de los comensales. Así, las mollejas crujientes con cremoso de patata hicieron las delicias de la persona que compartió conmigo mesa y mantel, y pese a que no es ningún fan de la “casquería”, no sólo se acabó completamente el plato sino que reconoció que estaban deliciosas. Otro de los platos que destacaba por su aparente sencillez pero que en boca provocaba una explosión de sabor era su ensalada de tomates.

mollejas crujientes de Quique DacostaIMG_1441

 

Pese a que estamos acostumbrados a degustar las ostras de una forma natural, Quique Dacosta propone tres elaboraciones más, teriyaki, Mónaco y Perú. Personalmente prefiero esta última y ya que estamos hablando de mar también merece la pena probar las zamburiñas asadas con emulsión de jengibre.

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Y como colofón es imprescindible degustar uno de sus arroces o fideuà, no importa si es mediodía o por la noche. Debemos liberarnos de prejuicios y probar a cenar estos platos típicamente valencianos. Mi propuesta se concreta en la fideuà, de fideo fino, con puntilla y ajetes con aire de “alioli”. Una plato que se asienta en un caldo con sabor muy intenso, que puede resultar para algunas personas demasiado fuerte, pero que sin duda no deja impasible.

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Lo que está claro, es que Quique Dacosta no sólo conoce la fórmula del éxito por los sabores increíbles que destilan cada uno de los platos de sus diferentes locales, sino porque sabe adaptarse a todo tipo de público. Desde El Poblet, justo en el portal de al lado nos muestra su lado más exquisito y atrevido, pero desde Vuelve Carolina acerca su pasión por la cocina al gran público.

Esto unido a un servicio impecable hacen de este gastrobar un lugar muy recomendable.

 

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