Veles e Vents vuelve a abrir sus puertas y lo hace de la mano del Grupo La Sucursal que ha logrado encontrar en Heineken un importante aliado para poner en marcha una ambiciosa propuesta que aúna arte, espectáculo, educación y gastronomía.

Una apuesta de más de 5 millones de inversión, que a buen seguro se convertirá en un caballo ganador, puesto que los hermanos Andrés son especialistas en crecer con sabiduría, en medir los riesgos y sobre todo en revertir en aquello que los aupa. Tanto es así, que ahora se han propuesto que por fin Valencia mire al mar gastronómicamente hablando, y que el Marítimo, y más en concreto el Cabanyal se conviertan en un barrio de referencia, tal y como ha explicado el director gastronómico de La Sucursal, Javier de Andrés.

Tanto el representante del Grupo La Sucursal, Javier de Andrés como el del Director Regional de Relaciones Institucionales de Heineken, Pablo Mazo, han coincidido en señalar que para lograr asentarse hay que seducir al entorno y trabajar conjuntamente con Valencia Turismo, con los que ya han mantenido diversas reuniones, para que este edificio que se construyó en 2006 con motivo de la Copa América albergue por fin en su interior un proyecto vital que perviva.

La Marina

La tarea que les aguarda es compleja, pero la diversa propuesta culinaria, el deseo de convertirse en un punto de atracción turística, y un lugar de referencia como centro de eventos para firmas internacionales de primer nivel, hacen pensar que este proyecto logrará sobrevivir al verano y pasar un ventajoso invierno, algo que no les pasó a sus predecesoras, puesto que firmas tan asentadas como “Mar de Bambú” pese a numerosos esfuerzos, se hundieron estrepitosamente.

La incognita, sin embargo, radica en si La Sucursal conservará su estrella Michelin, no solo por el hecho de que un traslado siempre es un punto que los de la célebre guía siempre tienen en cuenta, sino también por el hecho de que no se abrirá hasta el otoño. A buen seguro que esto les pasará factura, sin embargo De Andrés se muestra confiado y afirma una vez más como buen hostelero, que para ellos lo más importante es la satisfacción del cliente.

Javier de Andrés que se ha deshecho en elogios hacia su personal, no ha podido evitar expresar la emoción que supone comenzar una aventura que está llamada a triunfar.

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La oferta gastronómica se concreta en tres restaurantes enfocados a públicos muy distinto, no solo por el tipo de cocina que se realiza sino también por el coste de la misma.

El restaurante mediterráneo La Marítima, ubicado en la planta de acceso, nace bajo el concepto de ‘kilómetro cero’, utilizando las materias primas valencianas y de temporada. Su cocina de arroces va a combinar sorprendentes técnicas de horneado cerámico japonés junto al reposo sobre brasas de naranjo. En su carta convivirán productos frescos de mar y una recuperación del patrimonio de la cocina dulce valenciana.

En la primera planta, la microcervecería Malabar, que establece un juego de palabras entre el significado de atalaya que pretende situar este edifico como la cúspide de la Marina Real y los malabares, junto con la palabra “bar”, lo que denota que en este gran grupo familiar, nada es casual.

Malabar

Este local pretende recoger la nueva tendencia beer work, aspirando a convertirse en un punto de encuentro tanto para momentos de ocio como para el intercambio de ideas en industrias creativas e innovadoras. Su cocina va a permanecer abierta toda la jornada e incorporará desde el clásico esmorzaret a desayunos continentales, tapas de autor, repostería, bocadillos y menús. Una apuesta por la conocida como finger food, con preparaciones informales y de calidad, que pueden acompañarse con más de 25 marcas distintas de cerveza.

Por último, la alta gastronomía, se ubicará en la tercera planta con La Sucursal, un restaurante a cargo del reconocido Chef Jorge de Andrés donde la vanguardia culinaria y las innovaciones técnicas serán la seña de identidad de una cocina de creativa y de autor.

Educación

Veles e Vents acoge la nueva sede de la Escuela de Hostelería en Valencia, impulsda por Heineken y su Fundación Cruzcampo. Un espacio para la formación, con un equipo docente coordinado por el Chef Jorge de Andrés, que viene a sumarse a los ya existentes en ciudades como Sevilla o Jaén, con más de 15 años de historia y un programa de desarrollo de habilidades en la hostelería moderna que incluye prácticas en centros de primer nivel y cuyos alumnos cuentan con una elevada tasa de inserción laboral.

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Dentro de su apuesta por la formación de nuevos talentos ligados al mundo de la hostelería y de la gastronomía, Veles e Vents acoge actividades del primer Grado en Ciencias Gastronómicas impartido en una universidad pública, la Universitat de València. El grado en Ciencias Gastronómicas quiere formar profesionales con una buena base de conocimientos científicos, tecnológicos, de salud y de gestión empresarial, capaces de diseñar proyectos y gestionar servicios gastronómicos en los campos profesionales de la alta cocina, de la restauración comercial y colectiva y de la industria alimentaria. Además, el grado capacita para desarrollar y fomentar la creatividad, la innovación y la investigación en el mundo de la gastronomía.

Espacio cultural

La cultura tendrá protagonismo en Amstel Art, un espacio de 1.000 m2 en la planta baja del edificio y en permanente transformación, donde convivirán diferentes disciplinas artísticas, favoreciendo su interrelación y enriquecimiento mutuo.

Desde el 15 de junio podrá visitarse la exposición El Clot, del joven fotógrafo valenciano Jorge Muñoz, Ganador del Lux Professional Photography Award (2015) y uno de los siete finalistas de los Premios ZEISS de Sony Worldphoto (2016), entre más de 3.000 de 116 países. Un proyecto de fotografía artística y de retrato centrado en los habitantes del edificio ubicado en el barrio de El Cabanyal, lugar en el que nace la relación entre Heineken España y Valencia al ubicarse la antigua fábrica de cervezas El Águila, que desapareció hace más de 20 años por el estado ruinoso en el que se encontraba.

Sus imágenes convivirán con una instalación hasta ahora nunca vista de Figuras para la batalla, del artista valenciano y Premio Nacional de Artes Plásticas (1987), Miquel Navarro. Una revisión contemporánea de los soldados de Xi’an en espectaculares piezas de aluminio de 3,5m de altura y 300 kg de peso.

 

 

 

 

 

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