Desde ayer Valencia cuenta con un nuevo local que está llamado a marcar un hito gastronómico en nuestra ciudad y es que no en vano, el lugar en el que está situado es mágico porque respira historia por cada poro, pero además, el equipo humano que conforma esta nueva propuesta gastronómica es sin duda uno de los mejores de nuestra ciudad.

Sin duda con este paso adelante, Caro Hotel demuestra que apuesta por la gastronomía de alto nivel, lo que supone un gran atractivo para este restaurante que ocupa el espacio del mítico “Arrop” donde Ricard Camarena comenzó su andadura valenciana.

Así, esta ambiciosa propuesta está capitaneada por el cocinero Miguel Ángel Mayor, que ha pasado por cocinas tan destacadas como La Broche (2002), Mugaritz (2003), Le Procope (2004), Quique Dacosta (2007), elBulli (2009-2011) o Arola (2011-2013); aunque fue precisamente la influencia de Ferran Adrià -fue también colaborador de I+D en elBulliFoundation hasta 2015- la que con más certeza y profundidad marcó su una visión gastronómica que está en permanente crecimiento y que no conoce fronteras. La cocina de Mayor no es una cocina de recetas, sino una sinfonía universal, de pura creación. Un cocina con un rumbo fijo centrada en lograr una travesía llena de éxitos.

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Y en este barco de sueños gastronómicos, lo acompaña la jefa de sala Cristina Prados, que ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria en el Grupo La Sucursal de Valencia. Entre 2006 y 2013 ocupó el puesto de maître-sumiller en el restaurante La Sucursal y colaboró con Vertical, Coloniales Huerta y Suma. Posee estudios superiores en Sumillería (Master Sumiller Especialista en Vinos Valencianos) y, hasta su incorporación a Sucede Restaurante en abril de 2016, trabajó también como Profesora de Servicios en la Escuela de Hostelería Gambrinus de Valencia.

Y toda está experiencia unida al ambiente ancestral de un antigua casa romana se transmite a través de sus dos menús degustación completamente diferenciados.

Mientras el menú corto (4 secuencias, 18-20 creaciones) da rienda suelta al caudal creativo del chef, el menú largo (9 secuencias, 36-40 creaciones) sube aún más la apuesta y establece sutiles pero rigurosas reglas en cuanto a ingredientes, técnicas culinarias, pautas de servicio y formas de degustación, que requieren la implicación del comensal. Todo ello con la intención de una experiencia lúdica, con el sello Bulli presente en cada detalle: desde la conceptualización, siempre creativa, hasta la precisa ejecución de cada plato.

El resultado es una sinfonía gastronómica que asombra, que apela a la emoción de lo temporal y que consigue sublimar el espacio que alberga Sucede, que se halla literalmente seccionado por la muralla árabe que cerraba Valencia en el siglo XII y que fue destacado en 2014 por la editorial alemana Taschen como uno de los restaurantes más bonitos del mundo. Precisamente la sala, otro de los grandes baluartes del proyecto, está dirigida por la maître Cristina Prados, encargada también de armonizar las diversas propuestas gastronómicas con las más de 500 referencias que reposan en la bodega de Sucede.

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Sin duda este restaurante por múltiples razones es el protagonista de la temporada gastronómica que se acaba de iniciar y a buen seguro, se convertirá en un lugar de referencia a tener muy en cuenta.

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