Hoy no paro de ver mensajes tristes en los muros de Facebook con motivo del día de todos los santos.

Algunos como reivindicación de las tradiciones patrias y otros como muestra de lo que echan de menos a las personas que ya no está, demostraciones excesivamente llamativas a mi parecer para buscar el gesto de aprobación… Y ya de las fotos que han colgado algunos en plan selfie en el camposanto, ya ni hablo.
Como diría mi hijo: Mal, muy mal.
La banalización que se hace de las cosas a través de las redes sociales está llegando hasta limites que rallan el sentido común, el decoro y el buen gusto… Y ojo que yo uso mucho las redes sociales a nivel personal y profesional… Pero hay que saber qué contar y en que momento.
A mi no me hace falta que llegue este día para recordar a mis seres queridos, los recuerdo en pequeños gestos, en recuerdos que surgen sin motivo aparente en mi cabeza, a través de las conversaciones en familia, de las preguntas de mis hijos…. Pero no todo vale, no todo hay que exponerlo como en un escaparate.
Y ojo, no critico que alguien lo haga cuando de verdad es un vehículo para desahogar la pena.  Cada uno afrontamos la pérdida como podemos o como sabemos; me molesta y irrita los que lo hacen para dar pena, para buscar “Likes” como si fuera metadona. Ellos sí que me dan pena.
En cuanto a la lucha entre Halloween y todos los santos, no es tal. No es necesario ser talibanes y cerrarse a las nuevas tradiciones que este mundo globalizado va generando, porque ello nos enriquece. La vida, la sociedad evolucionan, y nosotros tenemos que hacerlo con ella.
Mi infancia esta rodeada de “Don Juan Tenorio” y huesitos de santos, y en la de mis hijos además de esto, está la sana tradición de hacer “Truco o trato” y pasar una tarde entretenida con sus amigo. Una cosa, no tiene porque excluir a la otra.
Ahora son pequeños, pero cuando tengan edad, también los llevaré a ver “Don Juan Tenorio”, porque es una de las más bellas obras de teatro de nuestra literatura, y en cuanto a los que ya no están les hablo de ellos, les cuento anécdotas y les enseño fotografías. Les hablo de cuanto me quisieron y cuanto les sigo queriendo yo, y lo hago con naturalidad no tiñendolo de oscurantismo ni de tristeza.
No hay que olvidar a nuestros difuntos, sin duda, como digo yo los tengo presentes en mi corazón, pero ya hace tiempo que esta no es la España negra de antaño  y hay muchas maneras de pasar este día, eso sí, sin hacer alarde de ello o enarbolar la bandera de la polémica.
Estoy muy harta de que en estos tiempos convulsos tengamos que definirnos constantemente, tomar un bando u otro… Es agotador, las personas nos son iguales y por eso hoy más que nunca debemos ser tolerantes y no hacer del día de difuntos un circo.
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