Vivo o al menos vivía en un tiovivo constante, corriendo de un lado a otro tratando de ser una supermujer atendiendo a mi trabajo, mis hijos, mi casa y asistiendo a eventos, tratando de exprimir cada segundo al día.

Así llevo años…Por lo menos dos décadas y ahora he parado. Bueno no he parado, he bajado el ritmo y eso cuanto menos me ha servido para reflexionar, para pensar en qué parcelas de mi vida gestiono como debo, y cuales no, en establecer prioridades y en realizar un exhaustivo análisis de quien soy.

Me considero una persona cariñosa, pero no lo soy, no del todo porque limito esta parcela a mis hijos, mi  marido, mis padres y mi hermana, y no siempre. Creo que se pueden contar con los dedos de una mano las contadas veces que doy abrazos a alguien que no sean ellos. Se me da bien escuchar y siempre se puede contar conmigo. No exagero, me he cruzado Valencia sólo para ser el paño de lágrimas de una amiga… Pero los abrazos, eso no es lo mío.

Recuerdo que una vez, y sirve como ejemplo, que mi compañera de piso con la que llevaba un año viviendo me abrazó porque me vio triste, lo normal en estos casos, pues no, me tensé como un palo.

Me resulta incómodo. No lo puedo evitar, y por esa misma razón, yo tampoco los doy.

Yo pongo mis oídos, mis consejos y si hace falta un par de cervezas bien frías sobre la mesa, pero abrazos… Muy mal te tengo que ver.

Así que no, pese a lo que siempre creí, no soy cariñosa, soy empática que no es lo mismo y con demasiada frecuencia se confunde. De hecho, no son pocos los abrazos, apretones de manos y besos falsos que recibimos en esta vida.

Sin embargo, con esta situación extraña, loca, y desconocida para todos nosotros siento la necesidad irrefutable que tenemos los seres humanos de establecer un contacto palpable, significativo y real con otros seres humanos, por primera vez siento la necesidad de dar una abrazo al resto de mi familia, a mis amigos y a mis compañeros de trabajo.

Es la sensación de querer aquello que no podemos tener. Es un realidad que nos ha cambiado para siempre y cuando todo vuelva a la normalidad, ya nada volverá a ser como antes, porque todos , hasta aquel que se niegue a reconocerlo habrá cambiado.

Así, que a ti que te me conoces, sólo te digo que recuerdes todos los abrazos que te debo.