Nos hemos vuelto una sociedad tras el cristal, el de las ventanas de las viviendas, las mamparas de los comercios… Pero ya antes vivíamos así desde el punto de vista metafórico.

Hemos pasado demasiado tiempo ocultando quienes somos de verdad, manejando cual malabarista el crisol de actitudes que configuran nuestra imagen, porque no es lo mismo ser que parecer, porque no es la misma persona la que se muestra en el trabajo que en la tranquilidad de su entorno.

Si algo nos está enseñando esta crisis, esta pandemia, esta enfermedad, este golpe a nuestras conciencias es que es el momento de mostrar nuestra verdadera personalidad, y acercar posiciones hacia un modo de vivir más auténtico alejado de las apariencias, demostrando quien somos en realidad.

Con frecuencia utilizamos la frase de “Quien mejor me conoce es… ” pero no es verdad. El ser humano es complejo, lleno de matices, manías, momentos de brillantez pero sobre todo es humano y eso lo hace vulnerable. No obstante, sed conscientes de que ser vulnerable no es malo necesariamente, porque todos tenemos momentos de fortaleza y de debilidad, y eso es lo que nos convierte en seres humanos que sienten, perciben y vibran.

Personas que miran el cielo y los pájaros con envidia porque sus vidas están hipotecadas tras el cristal, al menos de momento. Lo importante es que una vez todo vuelva a la normalidad no sigan así, porque si no seguirán viviendo una realidad burlona que es un puro reflejo en una ventana.