Ser madre es el mayor reto al que te enfrentarás en tu vida. Nada te prepara para ello y es un constante aprendizaje, porque no importa que tengas un hijo o dos, ninguno de tus vástagos será igual al anterior .

Desde el momento en que el predictor marca que estás embarazada debes tener claro que tu vida cambiará para siempre, se pondrá “patas arriba” y que tu hijo no esperará a nada, que crecerá y se convertirá en otro miembro activo de la raza humana, ya sea bajo tu tutela y tu consejo o sin él. Es un proceso imparable.

Pienso también en esas mujeres valientes que se lanzan al complejo mundo de la adopción, que desgasta, agota y te chupa las energías en un compromiso que es de por vida y que no se puede comparar con ningún otro del que adquirirás jamás.  Ana, tú eres una de ellas, no dará más datos pero sabes que siempre pensé que eras una valiente.

Otras mujeres que adoptan a los hijos de sus parejas y se convierten en madres amorosas y entregadas, porque el componente genético no siempre está vinculado al amor. Mujeres que son todo un ejemplo, como tú, Gracia.

También las mujeres que deciden ser madres en solitario porque las vida les obligó a tomar esta decisión, no importa por qué razón, son guerreras, madres coraje que tiran hacia delante contra viento y marea. Son dignas de admiración. Al reflexionar en este tipo de mujeres vienen a mi mente mi amiga Vito, mi tía Chelo y mi tía Mari. Ellas son modelos en los que fijarse.

Existen tantos modelos de educación como mujeres en el mundo y tan válidas son las decisiones de aquellas que deciden quedarse en casa y volcarse en un 200% en la educación de sus hijos como las que deciden compaginar el cuidado de sus hijos con una carrera profesional. Yo me encuentro en este segundo grupo, porque no quiero renunciar a nada, sigo pensando que habrá un momento en el que todas podremos lograr una equidad perfecta, y aquí seamos honestos juegan un papel importantísimo las abuelas, nuestras madres, aquellas que ya pasaron por aquí y saben lo que se lucha y lo que se pelea por un hijo.

Mi madre, Mª Carmen, supo desde bien joven lo que era luchar por un hijo, por mí, que nací con un defecto físico y que aunque quería andar y comerme la vida (aún quiero) no podía. Ella contra viento y marea, luchó por mi, creyó en mí y consiguió que me pusiera en pié… Y aunque con balanceo, desde entonces no he dejado de correr. Ella es mi mayor critica, mi mayor juez, pero también mi mayor apoyo y por eso le cuento siempre todo…Ya tengo un ritual, todos los días después de dejar a mis hijos en el colegio y de camino al trabajo, la llamo. Esto hace días que no ocurre.

Llevamos dos meses sin vernos y nunca pensé que esto fuera tan duro. Hoy te echo de menos más que nunca y me pregunto si mis hijos sabrán todos los sacrificios y esfuerzos que hago por ellos. Yo lo comprendí cuando me convertí en madre; parecen frases hechas, pero es totalmente cierto, en el momento en que sujetas a tu hijo por primera vez se te quita la venda de los ojos y eres capaz de comprender a tu madre como nunca antes lo habías hecho.

Yo lo comprendí el día que nació mi hija mayor, no me importa reconocer que cuando mi prima, que como médico estaba en el quirófano junto a mí, me acercó a la niña, lloré. Aún lloro de preocupación cuando no sé qué hacer ante las trabas que te pone la vida, y a buen seguro que aún me quedan momentos de inquietud y lágrimas por derramar por mis niños, que son el centro de mi mundo.

También en estos momentos, pienso en mi abuela, en Visantica, se fue hace tan sólo dos años pero la tengo muy presente y con frecuencia recuerdo su aroma a almendra y evoco su imagen en la cocina trasteando con mil guisos a la vez… Una de esas mujeres que no sólo es madre de sus hijos, sino de todo el barrio.

Porque madres son todas, las que fueron, las que somos y las que serán. Todas ellas a su manera son únicas , supermujeres, multitarea, que como yo intentan hacer varias cosas a la vez, pues escribo estas lineas mientras mi hijo pequeño no para  de hacerme preguntas y mi hija juega a mi alrededor. Mujeres como Paula, Dulce, Paqui, Elena, Inma, Sonia y tantas otras,  que atienden a sus hijos, que sacan horas al trabajo, que brincan de reunión en reunión, pero aún así no se pierden un festival, que son capaces de hacer malabares y llegar a todo aún a cuesta de sus horas de sueño… Madres coraje, porque para mi una madre coraje no es aquella que defiende a sus hijos en un conflicto bélico como nos venden  en las novelas, es aquella que es capaz de levantarse cada día, no desfallecer y robarle horas al reloj para que sus hijos sepan que siempre, siempre estará ahí.