Podría empezar diciendo, que me parece injusto que en la Comunidad Valenciana no salgamos de la fase 0, podría decir que estoy cansada de seguir en esta situación, pero no lo haré. No voy ahondar más en ese tema.

Creo que si algo nos ha brindado este tiempo de confinamiento es la oportunidad de disfrutar de las cosas sencillas, de descubrir lo que realmente importa y ser conscientes de quién es importante e imprescindible en nuestras vidas.

También nos ha servido, o al menos en mi caso, a volver a escucharme, a tener tiempo de pensar en mí misma y lo que quiero de la vida. Soy una persona inquieta, que no para, que le roba horas al día, y eso en ocasiones ha provocado que siempre mirara hacia delante en una carretera hacia el futuro, sin ser consciente de lo que quedaba en el arcén.

En realidad no me arrepiento de lo que he vivido, bueno de algunas decisiones sí, decir lo contrario seria pecar de arrogante, pero es verdad que incluso aquellas experiencias que me han supuesto frustración, tristeza o incluso incertidumbre, me han aportado. Por ello insisto en que no me arrepiento, porque todo ello me ha traído hasta aquí, hasta el momento presente en el que me niego a reconocer que mi destino ya está trazado.

Con los 42 años que tengo (no me importa reconocerlo), hace décadas una mujer estaba acabada, ni podía estudiar más, ni trabajar y muchas veces hasta tenía criados a los hijos. Hoy en día no es así, la experiencia, la trayectoria, el know-how hacen de mujeres como yo, da igual la parcela profesional de la que hablemos, es un importante activo y a nivel personal aún tiene mucho jugo que exprimirle a la vida.

Cuando terminé la carrera, pensé que ya había estudiado bastante por esta vida y pensé que nunca iba a volver a abrir un libro, de estudio entiéndase, pero lo hice y estando embarazada de mi primera hija estudié una oposición.

A lo largo de estos años he seguido interesándome por aprender, y durante este confinamiento he participado en charlas, webinar, cursos y talleres, porque hace ya tiempo que llegué a la conclusión de que no sólo nunca dejas de aprender, sino que yo no quiero dejar de hacerlo.

Y con la vida ocurre igual, no sólo las experiencias laborales son fuentes de aprendizaje, las personales también. Hay personas que pensaste que eran tus amigos y cuando menos te lo esperabas te dieron la espalda y otras, sin embargo te sorprendieron gratamente; y en esto no hay un culpable real porque todos estamos hechos de vivencias y esto hace que nos inclinemos en un sentido u en otro.

A lo largo de los años yo he cambiado, es un hecho inherente al ser humano, estar en constante cambio. Si bien los valores que guían mi vida son los que me inculcaron en casa y en el colegio, mis opiniones han variado y mi forma de afrontar diferentes situaciones de la vida también. Y eso,  no es malo y no todos los que nos rodean evolucionan del mismo modo.

Lo importante es saber qué es lo que queremos de la vida, porque sólo hay una y no debemos perdernos todo lo que esta tiene que aportarnos, debemos permitirnos, aunque sea de vez en cuando, mirar a ambos lados.