Desde hace meses vivimos un momento extraño, raro, lleno de incertidumbre y miedo, sí digo miedo porque el temor a lo desconocido es inherente al ser humano.

Es un sentimiento que no desaparece, sólo se transforma y pasa de ser el monstruo que asoma por debajo de la cama, al temor a suspender, a perder el trabajo… Al mañana.

El Covid lo ha hecho de nuevo palpable y lo paladeamos sin remedio cada día al levantarnos y pese a este golpe de realidad, yo personalmente aún tengo la sensación de irrealidad. Una sensación de estar sumergida en uno de esos telefilmes de mediodía y espero que empiece la pausa de publicidad para ser conscientes de un “Reality bites” como rezaba la película del 94.

Con la edad que tengo actualmente, que ya supera cuatro décadas, aún experimento una sensación de vértigo que no desaparece, se olvida, se despista, pero vuelve.

Creo que nada nos prepara para la situación que estamos viviendo y sí, debemos permitirnos tener miedo y llorar si hace falta. Desahogarnos y sacar todo lo que nos atenaza la garganta y nos asfixia el corazón.

Llorar a pleno pulmón.

Sí porque llorar a pleno pulmón está infravalorado y os lo dice una persona que sólo lo ha hecho en contadas ocasiones.

La primera vez… No recuerdo el motivo pero sí sé que era adolescente y que estaba en el suelo de mi habitación. Seguramente no lo recuerdo porque todo el dolor se fue con las lágrimas… Y lo hice porque estaba sola y nadie podía oírme.

Otras veces… Reconozco que lo he hecho en la ducha, porque aún me autocensuro. No quiero que mi dolor traspase a otros, no quiero que lo perciban, quiero ser capaz de superarlo y seguir adelante. La última vez que lo hice fue durante el confinamiento, y sí, sentí miedo.

Actualmente soy positiva y trato de volver a una relativa normalidad. Con cabeza, pero normalidad al fin y al cabo, y me repito como un mantra: “Todo esto pasará, ya queda menos”.

Y me lo creo a medias, francamente, pero no puedo permitirme y no quiere permitirme dejarme vencer por el desánimo al menos por los que me rodean y me quieren, por los sanitarios, limpiadores, fuerzas de seguridad… Que siguen dejándose la piel para luchando por esta pandemia, pero sobretodo, no puedo dejarme vencer por mí misma, porque se convivir con mi miedo y acariciarle el lomo para que se quede dormido.