Me falta el mar, el de mi infancia, el de mi juventud y el de mi libertad. Ese que he contemplado desde de hace décadas desde el balcón a veces en calma, a veces embravecido pero siempre ahí eterno, inconstante y mío, porque si has nacido a su abrigo como yo, de una manera inconsciente, primaria y tántrica forma parte de ti.

Cuando vivía a su abrigo a sólo unos metros no lo valoraba tanto como lo hago ahora, ni era tan consciente de la energía que me proporcionaba como lo soy ahora. No creo mucho en la carta astral pero pertenezco a un signo de agua y quizá, en esta vida como se suele decir, la cabra tira al monte o mejor dicho a él, al mar. Cuando me siento triste o agobiada me visualizo sumergiéndome en él que me acaricia y me mece, me veo mirando hacia arriba la realidad distorsionada bajo las olas, pero emerjo, siempre lo hago.

Quizá porque tengo sangre de marineros en las venas o porque desde que echo la vista atrás tengo cientos de recuerdos que me unen a él, al Mediterráneo, por que me calma su brisa, hasta el punto que es el único lugar en el que mi frenética cabeza que siempre está al 1000% logra calmarse, ponerse a cero y resetear.

He vivido tantos años a escasos metros de él, aquí en Valencia, que he visto evolucionar su costa, el paseo y barrio que lo rodea y yo misma he cambiado con él. Mucha gente ha llegado nueva al barrio y se admira de la fuerza que tiene este mar, pero él y yo nos sonreímos porque eso no es nuevo y tenemos un pacto. El siempre me dará fuerzas, y yo siempre volveré a él, aunque pase el tiempo.

No podéis imaginaros como fue tras el confinamiento volver a él, sentir la arena de su orilla y el agua entre mis dedos. Fue como una inyección de adrenalina, pura vida fluyendo a través de mí.

Hoy es uno de esos días en los que necesito mi dosis de mar, no adentrarme necesariamente en él, sino verlo, sentirlo cerca… O lo que es lo mismo, sentir la libertad que él me proporciona, pero no puede ser, el cierre perimetral que esta maldita Pandemia nos impone me lo impide.Y así, yo mientras, sigo anhelándolo, sigo soñándolo.