El hecho de que tan sólo a unas horas de celebrarse el Día de la Mujer, TVE diera un patinazo tan sonado en su retransmisión de la premios Goya pone de manifiesto la importancia de celebrar y tener presente este día. La retransmisión ya está borrada, pero eso no resta ni un ápice de importancia al hecho de que se sigue cosificando a la mujer, que se sigue hablando de ella fuera de lugar cuestionando lo que lleva o como es, como si el hecho de vestir de un determinado modo te clasificara en una categoría u otra, que hiciera falta ponerte una etiqueta para que las mentes estrechas y llenas de prejuicios las necesitaran para que entraras en sus esquemas.

En días como los de hoy se habla de la violencia machista, y la gran mayoría de las personas piensa en las cifras negras que con demasiada frecuencia asoman desde las páginas del periódico, obviando los micromachismos, aquellos que se producen a diario en el entorno laboral, en el familiar o en el grupo de amigos, aquellos que aún soportamos por el que dirán, por encajar, o por desconocimiento.

Erradicar el machismo de nuestra sociedad es complejo, lleva siglos calando hasta en recodos que a priori no deberían ampararlo, y costará hacer que desaparezca, pero en nuestra mano está el conseguirlo. Yo educo. Esta es la premisa que como madre establezco como una certeza que debo seguir en mi día a día con mis hijos. Tengo un niño y una niña, y yo educo a ambos en la igualdad, en el respeto y en el hecho de que el género no te condiciona para ser quien quieras ser. Yo educo en que la violencia no es tolerable, ni la física ni la psíquica. Yo educo en el pensamiento firme en el respeto a las personas y sobre todo, yo educo para que ellos sean mejores personas y para que reconozcan los micromachismos, que yo he tardado muchos años en descubrir.

Esos micromachismos que me hacían sentir incomoda y que no lograba identificar como comentarios lanzados al viento, o pequeños gestos que no sabía porqué me molestaban, gestos aparentemente inocentes, pero que ahora desde la distancia que nos da el tiempo, sé que no lo eran.

Yo crecí en una época en la que la palabra machismo estaba vacía de contenido, y donde vocablos como acoso, micromachismos, violencia de género y tantos otros, ni siquiera se utilizaban. Donde la información era sesgada o nula y donde se daba por hecho que tenias que aguantar que sentada en tu mesa escribiendo en el ordenador, viniera un superior y te diera un “masaje” en los hombros. Muestra de ello fue el caso Nevenka en 2001, el primer juicio por acoso de España, que ahora ha recuperado Netflix en un magnifico documental y que he de decir que como estudiante de periodismo en aquella época, lo recuerdo, pero de una manera vaga porque no se le dio la gran importancia que tenia. Fue nuestro #MeToo pero a buen seguro que tú ni lo tenías en la mente, probablemente la primera referencia que tienes sobre estos temas sea el caso de Ana Orantes. Ella puso el maltrato en la primera plana de los medios, pero aún quedaba mucho por hacer.

Y ahora, aunque parece que estos temas, que ya no son tabú, y se habla de ellos y se los condena, y se realizan campañas de concienciación… Pese a todo ello aún están muy presentes, demasiado presentes y lo que es peor, lo están en las nuevas generaciones. Solemos circunscribir el machismo a personas de cierta edad, a la generación de nuestros padres, pero no es una apreciación real, en la actualidad, lamentablemente son muchos jóvenes las que las fomentan y lo que es peor, en más de una ocasión, hay mujeres que no sólo lo consienten sino que lo fomentan.

Yo no consiento estas actitudes, no lo hago y no doy un paso atrás, porque creo que el cambio empieza por nosotros mismos, por como tratamos a los demás y cómo queremos ser tratados, y por supuestos por educar a las nuevas generaciones en la tolerancia, la igualdad y el respeto. En el fomento de una amor que crece y se mantiene sobre la base de la equidad, de la autonomía y de la independencia.

Yo hoy, en plena pandemia me quedo en casa, pero conmemoro el 8 de marzo y lo reivindico desde estas líneas porque es importante hacerlo y tenerlo presente todos los días, para que llegue un día en el que podamos borrarlo del calendario.