Me da rabia este país, el mío. Me hierven las entrañas pensando en los complejos qué tenemos, en los mezquinos que somos y en que ensalzamos a unos dañando a otros. Que nos rasgamos las vestiduras en plan turba y nos ponemos las banderas según conviene. Abanderados de las modas, que olvidamos con la misma facilidad que nos sentimos heridos y exaltados. Y me sale la palabra con «Ñ», el taco y lo quiero gritar alto y fuerte de pura rabia de país, pero mi madre dice que digo muchas palabrotas y mi hija mayor también me lo recrimina. Igual tengo que aprender de la experiencia y la inocencia. Y no soy la única, porque en sólo un día los trolls han vomitado en todo tipo de redes su basura, y lo triste creedme no es que sea un caso aislado, eso es lo demente. Lo triste, lo intolerable es que esto ocurre a diario en las redes, en las aulas y los corrillos.

Somos débiles y miserables, nos ocultamos bajo una sonrisa llena de envidia y de desprecio hacia el prójimo, en un mundo donde estás conmigo o contra mí, donde hay que elegir bando, donde se te exigen etiquetas y donde nos escondemos bajo la dictadura de las etiquetas. Queremos ser Arlequín, pero somos Halley Quinn.

Se nos llena la boca de nuevos vocablos que hemos inventado por el camino: Resilencia, sororidad… Pero cuando llega el momento, volvemos a los mismos vicios a criticar por criticar y a dañar sin echar la vista atrás.

Este fin de semana parecía que no había otra cosa en el mundo que el BenidormFest, y eso que, también se producían los premios Feroz, que son los premios que dan los periodistas de cine, ya saben el séptimo arte que nos hace soñar… Pues apenas se ha hablado de ellos, encontrarlos en el maremagnum que nos ofrece internet, era poco más que misión imposible, lo cual ya pone de relevancia el nivelazo cultural que tenemos como país. Luego nos quejamos.

Y ya centrado en el BenidormFest, precioso… De nuevo la gente se entusiasmaba por Eurovisión, lo cual no me parece ni bien ni mal, ahí está. Que me parecía genial las propuestas atrevidas que se han presentado, también y que me hubiera gustado que ganaran, pues oiga sí, porque la letra que ha ganado no me gusta ni me congratula ni me representa, pero esas eran las reglas del juego, y a veces se gana y otras se pierde.

Lo que me indigna es el trato que se le está dando a la ganadora, ese linchamiento gratuito a una persona con la que podremos estar más o menos de acuerdo, pero que lleva años trabajando y luchando por despuntar como cantante y artista, no tiene ninguna justificación. Y todo esto, se está haciendo para ensalzar a las perdedoras… Señoras y señores, así no.

No se eleva a una persona a costa de hundir a otra, de forzarla a desaparecer ( en este caso de las redes), pero es que el problema va más allá, trasciende a las aulas, al lugar de trabajo y a aquellos entornos en los que a priori debiéramos sentirnos seguros. Que esta vez ha sido Chanel, pero mañana es tu hijo, tu hermana o tu amiga, y así suma y sigue.

Me preocupa y mucho, el odio que se percibe todos los días, la costumbre facilona que se está instaurando en nuestra sociedad de escupir diatribas, arengar a las masas y machacar sin pensar en las consecuencias.

El problema es mucho más profundo que la letra de una canción de si es machista o no lo es, de si está vacía de significado, es mucho más agudo que defender una teta sobre el escenario, o la diversidad cultural de nuestros territorios… Hay mucha amnesia cultural en los que lanza mensajes llenos de basura, si nos pusiéramos a hacer memoria, muchos de vosotros/as seguro que cubata en mano habéis cantado temas musicales más infames.

Mientras no hagamos un ejercicio de introspección y miremos lo que está mal en nosotros, evolucionemos y seamos personas… Sí personas, porque somos seres humanos, pero ser persona es mucho más, mientras no lo hagamos, estamos perdidos, y no sólo nosotros, sino las generaciones que ahora aún son niños, sin complejos y sin prejuicios, pero que a medida que crecen se contaminan del odio y la cobardía que lamentablemente está cada vez más presente.