Me falta el mar, el de mi infancia, el de mi juventud y el de mi libertad. Ese que he contemplado desde de hace décadas desde el balcón a veces en calma, a veces embravecido pero siempre ahí eterno, inconstante y mío, porque si has nacido a su abrigo como yo, de una manera inconsciente, primaria y tántrica forma parte de ti.