Hoy quiero pedir perdón por no haber sabido reconocer que seguimos siendo egoístas, estar en posesión de la verdad, que nuestra manera de ver el mundo es la que vale y que aquí se trata de estar conmigo o estar contra mí, que nos creemos juez y parte como diría Sabina y que no aceptamos la opinión del vecino porque un pensamiento discordante nos puede obligar a reflexionar... ¡Ah y eso no se puede en esta sociedad intolerante en las que nos toca vivir!