deseadas, anheladas y tan acaloradas. Nunca una fallas serán tan recordadas por el componente emocional que nos dejan, por el sentimiento de responsabilidad y hermandad fallera que en estas fallas de septiembre, las primeras y esperemos que las únicas, se han visto plasmadas de una manera irrefutable, donde cada comisión ha tenido que jugar con una baraja trucada, donde la mano iba cambiando sobre la marcha y que de la noche a la mañana el sueño se truncaba en pesadilla para de nuevo amanecer con un futuro que presagiaba que todo podía suceder, lo bueno y lo malo... Y con estas sensaciones encontradas las comisiones falleras se rehacían y el sentido purificador del mundo de estas fiestas cobraba sentido pleno por primera vez en muchos años años.