Mi pequeño tesoro, mi #LitteArtist como me gusta llamarla en redes sociales cuando escribo algo de ella como madre orgullosa que soy, cumple hoy 10 años y lo hace siendo una niña esbelta y alta como su padre, con un carácter afable y una creatividad desbordante.

Hace 10 años tal día como hoy experimente las sensaciones más variopintas que se pueden tener, el vértigo de ser consciente de que a partir de ese momento vas a tener que cuidar de otro ser humano de manera incondicional, la ilusión por las aventuras que estaban por llegar y un amor tan devoto y sin condiciones que sólo se experimenta con la llegada de un hijo.

Con frecuencia tendemos a pensar en lo que les podemos aportar a nuestros hijos, y no tanto en lo que ellos nos aportan. A lo largo de estos años he vuelto a redescubrir el mundo a través de sus ojos, he experimentado noches de sueño y desvelos (y los que me quedan) , amor, orgullo y admiración.

Concretamente de esto último a lo largo de estos meses pasados me ha dado una buena dosis, pues ha soportado con entereza el no poder ver a sus primos y amigos.

Mi hija, goza de una gran creatividad, pinta, dibuja y crea manualidades y objetos donde el resto sólo vemos rollos de papel de cocina, papel, cordones…. Ella ve belleza y la transforma.

Es una niña tranquila y cariñosa, con una gran empatía con el mundo que le rodea. Es ecologista convencida desde hace años, y he de reconocer que no por mí, que si  bien pienso que hay que cuidar el plantea y actúo de manera responsable no soy un persona totalmente implicada. Ella sí. Uno de los días más felices de su vida fue cuando Greenpeace visitó su colegio.

Es una ferviente amiga de los animales, lee sobre ellos, mira documentales… Con 10 años sabe más del reino animal que muchos de sus profesores y eso, sin ella ser consciente es uno de sus características más destacadas. Su amor por todo lo que le rodea, personas, animales y plantas y con frecuencia foco de discusión con su hermano que no mira el mundo con el mismo prisma que ella y es más atolondrado.

También sabe, y aqui sí que tenemos un poco de culpa sus padres, que en este mundo los limites nos lo ponemos nosotros y que puede lograr todo lo que se proponga si lo intenta. Que una mujer en pleno siglo XXI puede ser lo que desee y que no debe tolerar ni la desigualdad ni los prejuicios por cuestión de género o raza. Nosotros pusimos la base, es cierto, pero los cimientos son cosecha propia, son fruto de una mente inquieta que no deja nunca de cuestionarse el mundo.

Más de una vez le he tomado prestada una frase a la escritora Kathryn Stockett, autora de “Criadas y señoras” y le he dicho la frase que el personaje de Aibileen Clark  le dice a la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt: “Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante”. 

Y pese a todo, pese a que tiene ese lado curioso… Sigue siendo aún un poco niña, porque posee una imaginación que va más allá de nosotros y que le hace seguir creando historias y su cabeza y creyendo en dragones, hadas, brujas, ponys , unicornios… Y por supuesto que Hogwarts existe.

Una vez, hablando con mi amiga Paqui, le dije que no entendía la razón por la que le gustaban tanto los dragones y los dibujaba sin cesar. Me dijo una frase que no he olvidado: Llamándola Galadriel ¿Cómo no lo va hacer? .

Pues si así es Galadriel, mi reina elfa, mi pequeño tesoro que hoy cumple 10 años y la que le quiero dedicar esta canción de Presuntos implicados.

Mi pequeño tesoro se halla escondido
Entre el valle y el monte que hay en mi ombligo
Mi pequeño trocito de gloria
Es el alba que alumbra una nueva historia
Mi pequeño tesoro quiere ver cosas
Y por él me despliego como una rosa
Mi pequeño trocito de vida
Es un ángel que viene a mi de puntillas
Tengo cinco razones…