En pleno Barrio del Carmen existe un lugar donde se detiene el tiempo, propicio para disfrutar de la moda de calidad, la del calzado porque ya lo dice el dicho que el hombre y la mujer cabal se viste por los piés… Pero donde también se charla y se come. Donde cada rincón destila magia y donde se fraguan las grandes historias.

Un meeting point donde se detiene el tiempo y donde pese al nombre “13” está llamado a que en él sólo pasen cosas buenas.

Este restaurante, ubicado en la calle Calatrava, 12 + 1 ( porque el patio de al lado también forma parte de él) con lo que al final también es un número 13 debe el nombre a su propietaria, la periodista y diseñadora de moda, Victoria del Hoyo, que a diferencia del pensamiento de que este un símbolo de mala suerte, en este caso es de buena estrella, la que brilla sobre esta visionaria y sobre la comida con la que deslumbra al comensal.

Una cocina basada en el producto, pausada que invita a saborearla mientras se tiene una buena conversación o se adquieren un par de zapatos de la firma de alta costura de la propietaria Victoria del Hoyo, MyBlücher.

Con una carta pensada para llegar al corazón de cada comensal, trazada con los hilos del alma de su propietaria, que ha puesto en este proyecto todo su corazón

Las croquetas merecen mención a parte; Algunas basadas en el recuerdo gustativo de Victoria del Hoyo y otras en sus experiencias gustativas, son un bocado ineludible. Una de las más sabrosas es la valenciana de bacalao, con piñones y allioli, y la más original, sin duda es de boletus con crema de trufa.

Otro de los entrantes destacados es el crujiente de langostinos con salsa de ostras y guindilla dulce.

Fuera de carta, están los arroces que cada día cambian a capricho del chef… A cada cual mejor, vale la pena ir diferentes días de la semana para ir probando todas las creaciones que surgen de esta cocina íntima.

Y si no se es arrocero, hay tartares, ensaladas, hamburguesas, entrecotes y pescados de lonja; así como un amplio surtido de postres que cambian cada tres días. Un consejo no os perdáis el mousse de maracuyá con gelatina de naranja.

Un largo etcétera de platos donde el comensal vivirá una experiencia gustativa tierna y llena de calor, una cocina con alma, donde confluye la experiencia de una buena cocina, la creatividad de una diseñadora con corazón de gourmet y un ambiente que hace que te sientas como en casa.

Un lugar discreto que ya se ha ganado un lugar destacado en el corazón de los valencianos.

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