En estos momentos inciertos en los que los hosteleros españoles se han visto obligados a replantear sus esquemas, donde se han lanzado a la calle para pedirnos que nos replanteemos la sana costumbre de cenar a las que los europeos consideran altas horas de la noche.

Un momento extraño en el que debemos volver a la sana costumbre de practicar la “merienda-cena”. En esta época y en este día el de hoy, se ha presentado Mediterránea Gastrónoma.

Una feria que se ha levantado sobre ladrillos de esfuerzo y de ilusión y que tras una exitosa edición en noviembre de 2019 ya se podía saborear las mieles de una ferie en 2020 que la iba a convertir en un referente único, una cita ineludible dentro del panorama gastronómico nacional e internacional.

Y en realidad así, va a ser pero desde un punto de vista diferente, porque desde que el Covid llegó para trastrocarnos la existencia muchos son los restaurantes que no han vuelto a levantar la persiana y lamentablemente muchos la bajarán en los próximo meses.

Por eso desde Mediterránea Gastrónoma apuestan este año por apoyar a hosteleros y productores porque como se suele decir “toda piedra hace pared” y en estos momentos, todos los gestos importan.

Ser hostelero es complejo, es sacrificado e implica un gran compromiso por mucho que los realitys nos hayan hecho creer otra cosa, y ojo que no me opongo a ellos, porque aunque ya me cansan, también los he consumido, pero dedicarse al mundo de la gastronomía es mucho más.

Es soñar con combinaciones mágicas cual alquimista para hacer disfrutar al comensal a través de los aromas, los sabores y el placer que despierta un buen plato y envolverlo por la excelencia de una buena sala, pero aunque hay un componente mágico los ingredientes principales son técnica y pasión, que de eso tiene un buen puñado.

Podría estar horas hablando de esta profesión y sus bonanzas, pero lo que de verdad ahora importa, es apoyar y de eso Mediterránea Gastrónoma sabe mucho por lo que yo también estaré el 8 y 9 de noviembre para disfrutar de las 40 estrellas Michelin y el centenar de soles repsoles que participan en la feria en un grito unísono que asegura que ¡Siguen aquí!.